
Al principio, lo odiaba.
Era el típico chico popular, arrogante y egocéntrico. En el colegio, se burlaba de mí frente a sus amigos, ridiculizando mi forma de vestir o mis opiniones. Sus palabras eran como dardos que perforaban mi autoestima, haciéndome sentir pequeña e insignificante.
Sin embargo, en privado, era otra persona completamente diferente. Tierno, atento y detallista, me conquistaba con sus palabras dulces y sus gestos cariñosos. Me hacía sentir especial, como si fuera la única chica en el mundo que existiera para él.
Vivía en una montaña rusa de emociones. Por un lado, sufría por las humillaciones públicas, por el dolor que me causaban sus burlas. Pero por otro lado, anhelaba los momentos a solas, esas horas llenas de complicidad y ternura que me hacían olvidar todo lo demás. Era todo un red flag 🚩 pero como soy miope solo vi corazones rojos ♥️
Era una contradicción que me atormentaba. ¿Cómo podía ser tan cruel con los demás y tan dulce conmigo? ¿Era solo una actuación para conquistarme o realmente había algo más en él?
Con el tiempo, empecé a descubrir su lado vulnerable. Me contó sobre su difícil infancia, sobre la presión que sentía por parte de sus amigos para encajar en un molde que no era él. Me habló de sus sueños y aspiraciones, de su miedo al fracaso y a la soledad.
Al escucharlo, empecé a entenderlo mejor. No justificaba sus acciones☝🏻☝🏻, pero comprendí que detrás de su arrogancia se escondía un chico inseguro que buscaba la aceptación de los demás.
Decidí darle una oportunidad. Comencé a ignorar sus burlas en público, enfocándome en los momentos que compartíamos en privado, no estuvo bien, pero poco a poco, su actitud hacia mí comenzó a cambiar. Ya no me humillaba frente a sus amigos, e incluso me defendía cuando otros intentaban hacerlo.
Nuestra relación se transformó en algo más profundo. Ya no era solo una atracción física o una necesidad de afecto. Había un cariño genuino, una conexión que iba más allá de las apariencias.
VIVA EL AMORSSSSSS😻♥️🎉🎉😻♥️